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T20: volver la mirada a la economía de  género

Por Flor Ramírez- Socia Reconcilia DH

La Cumbre T20 de Argentina, que reunió a Think Tank de más de 68 países y en la que RECONCILIA DH pudo estar representada, fue un espacio de discusión sobre la agenda de género relativa a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Particularmente, trajo a la mesa  la economía de género y la necesidad de reevaluar la participación de las mujeres en el mercado laboral, colocando como ideal la igualdad y el empoderamiento.

Sin lugar a duda, el futuro del trabajo debe llevarnos a repensar las políticas públicas en un país como México. La concepción de los derechos en búsqueda de la igualdad no puede separarse de un panorama más amplio en materia de justicia económica y social. Más allá de ver solamente el empoderamiento económico de las mujeres, tiene que verse el cierre de las brechas sociales a través de un conjunto de acciones redistributivas y que transformen las raíces que generan la desigualdad.

En México una mujer puede ganar 34.2% menos que un hombre en la misma posición. Mientras que, de acuerdo con los datos de la OECD de 2017, casi un 60% de la fuerza laboral atrapada en el mercado informal es femenina, que está por debajo de los estándares de protección social y trabajo decente, definidos por la OIT.

El modelo económico actual, analizado a la luz de la agenda de desarrollo sostenible, requiere políticas transformadoras que vayan en una misma dirección en lo que atañe a la esfera económica y social. Debe considerarse que el contexto de frecuentes crisis y volatilidad económica convierte en inviable el empoderamiento y la autonomía económica para una gran mayoría de mujeres.

Una de las grandes conquistas de la Agenda 2030 es la inclusión de un indicador que tiene que ver con la economía del cuidado, se trata del trabajo que resulta invisible, no remunerado y doméstico pero sostiene la economía de millones de hogares alrededor del mundo. El hecho de que no haya transacción económica, no implica que no tenga costo. Particularmente, hay uno que es el costo de oportunidad de muchas mujeres a acceder al mercado laboral y a desarrollar determinado tipo de trabajo, esto refuerza aún más la falta de autonomía económica que se sufre. Más allá de esto, la gran paradoja de la “economía del cuidado” es que ésta termina perpetuando la segregación del mercado al  pasar al ámbito remunerado, en tanto generar la “cadena de cuidados” que es demandada por amplios sectores de la población.

Imaginemos a Ana, mujer migrante de una comunidad rural de la Sierra de Puebla, llega a la Ciudad de Guadalajara para trabajar en casa de Gloria (3 veces a la semana) quien empleada en el sector público y  no puede pagar a Ana la seguridad social que debería pues esto le implicaría formalizar una relación laboral que incrementa el costo que puede pagar por los servicios. Ana debió dejar a sus 2 hijos en manos de su madre, una persona mayor que al mismo tiempo trabaja en la economía informal siendo artesana.  Tomando este sencillo ejemplo,  resulta claro que las mujeres sostienen, de una manera sistémica, los progresos del actual modelo económico y del mercado laboral, pero también son las más afectadas por sus consecuencias. Si bien el trabajo remunerado puede ser un pilar fundamental para la igualdad sustantiva de las mujeres, tendría que ir seguido de una responsabilidad compartida entre mujeres y hombres por el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado; o bien tener opciones de políticas públicas que permitan en este caso a Gloria poder tener la posibilidad de ofrecer el pago y reconocimiento conforme a los estándares de protección social a Ana. También las políticas públicas deberían considerar la doble carga de la mamá de Ana en la Sierra de Puebla,  y desde luego, las implicaciones para sus hijos.

El sistema de gobernanza y cooperación internacional requiere ser un mecanismo que garantiza los derechos económicos y sociales de la población. Como apunta Ponte y Rodríguez (2016:89) “el incremento de la participación de las mujeres en el trabajo, ha ocurrido en un contexto de creciente discriminación y segregación basado en el género por parte de los mercados laborales, en ambos sentidos, horizontal y vertical”. Hay incertidumbre respecto a la voluntad y capacidad de los Estados que están dispuestos a regular y promover, entre las empresas internacionales y nacionales, el respeto y la protección de los derechos humanos y la necesidad de que éstos impregnen las políticas públicas que regulan a los actores económicos al interior del Estado para que se rijan por un marco de derechos humanos.

Hay otros aspectos del pilar económico del desarrollo, como los pisos de protección social mínima y el diseño de las políticas sociales. No comprometer el bienestar de las generaciones futuras resulta en asumir que hay bienestar presente y prosperidad. Sin embargo, éste está distribuido de manera desigual y es replicador de relaciones de poder asimétricas entre sectores diversos de la población, acentuando las vulnerabilidades para las mujeres.

La buena noticia es que existen posibilidades de generar cambios que pueden impactar las políticas públicas. Estas posibilidades están en manos de las ciudadanas y los ciudadanos, de las organizaciones, de los colectivos laborales. Somos quienes tenemos el potencial de hacer que los gobiernos puedan tomar acción. En este sentido, la  OIT menciona ideas claves:  las labores de cuidado deben ser reconocidas, representadas, retribuidas e incluso reducidas mediante acciones de la esfera pública, pero también compartidas en el interior de cada uno de nuestros hogares.

Para más sobre la economía de cuidados visita:

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