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Sintonizar al sector privado en derechos humanos

Por: Edna Guzmán[1]

 

La vida y el transcurrir de las personas se ve determinada por muchos factores y afectada por muchos actores. El Estado es sin duda uno de estos últimos, pero no el único. Las empresas símbolo de nuestro sistema económico actual, son otros de los actores claves.

 

Mejor conocido como sector privado en nuestro país, es sin lugar a dudas un buen rival frente al Estado respecto a lo que nos afecta en el día a día. Y es que nuestro sistema de producción se basa en él e interactúa y moldea el sistema regulatorio, es decir, nuestro gobierno.

 

A pesar de lo anterior, uno de los temas que claramente ha afectado nuestro sistema normativo desde el siglo XX, apenas se ve reflejado en él: los derechos humanos. En esta entrada, me gustaría planear la necesidad de sintonizar los derechos humanos en el sector privado, como se ha hecho en el público, para lograr las condiciones mínimas de una sociedad democrática, liberal y plural.

 

Para desarrollar el tema, se abordará la relación que las empresas han tenido con los derechos humanos y las dificultades que se enfrentan para que las empresas se vinculen al sistema normativo que se desprenden de los derechos humanos. En este sentido se tratará el papel de las empresas en la sociedad actual, su papel para la lucha de los derechos humanos, en particular con los derechos laborales, el desarrollo y su papel productivo, el desarrollo sustentable, la responsabilidad social empresarial, para llegar a los Principios rectores de Naciones Unidas.

 

Desde el punto de vista jurídico y económico, las empresas pueden tomar distintas formas, sin embargo su principal característica es que tiene por fin lucrar. Éste término ha adquirido un matiz negativo en la sociedad mexicana, pero en su raíz simplemente es tener un objetivo lícito y preponderantemente económico. Por tanto pensar en lucro no debe llevarnos a la conclusión del capitalismo voraz. Las empresas como ya sabemos vienen en tamaños y se concentran en distintas áreas de producción o servicios.

 

A excepción de las localidades y comunidades de autoconsumo, el resto de las personas nos vemos fuertemente determinadas por las empresas, al interactuar con ellas de manera directa o indirecta: son fuente de trabajo, se invierte en ellas, tienen responsabilidad tributaria, consumimos sus productos o servicios, transforman los recursos naturales, investigan, innovan. De esta magnitud es el nivel de injerencia de las empresas en nuestra vida. En este trajín algunas acumulan mucho poder.

 

Nos suena lejano ya, pero el inicio de la concepción de los derechos humanos se la debemos a la libertad de comercio, con los movimientos independentistas en Estados Unidos y la necesidad de los colonos de hacer frente a las imposiciones económicas venidas del continente, cristalizándose así la Declaración de Derechos de Virginia (1776). También en el marco de las empresas se forjaron los derechos del trabajo, para garantizar condiciones básicas a los trabajadores y garantías como el derecho a huelga. Aquí el estado es involucrado como un agente regulador en la relación de evidente disparidad entre patrones y trabajadores.

 

Fuera de esta línea fuimos olvidando los derechos humanos en las empresas para relacionarla sólo con el Estado, que conforme a la jurisprudencia es quien directamente los vulnera o en aquiescencia al saber o haber podido prevenir la violación a los mismos por particulares.

 

Pero recientemente, al menos desde el punto de vista teórico, se ha ampliado la relación entre empresas y derechos humanos, en el interior de ellas: el acoso y hostigamiento sexual laboral, derecho a la salud, ambientes saludables de trabajo; y en el exterior: impacto de las actividades empresariales en los derechos humanos, y empresas que si bien tiene un fin lucrativo buscan que su actividad sea de beneficio a la sociedad.

 

El relación interna se sigue regulando en países como México a través del marco normativo laboral. Sin embargo, el carácter externo de esta relación ha seguido principalmente la vía de la “cooperación” de las empresas. Si bien no fue acuñado hacia los derechos humanos, la noción de desarrollo sustentable y sostenible puede brindarnos pautas de los primeros intentos a que el impacto de las empresas hacia el medio ambiente fuese regulado.

 

Hoy existe una clara relación de cómo las afectaciones al medio ambiente conllevan afectaciones a derechos humanos y a los derechos de las comunidades. En este sentido la teoría que se expone desde el desarrollo sostenible ayuda también a la relación de las empresas y los derechos humanos al partir de la necesidad de equilibrar o reconciliar el bienestar económico, la sociedad y el medio ambiente. La versión privada del desarrollo sostenible es la responsabilidad social empresarial, que se define como la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental por parte de las empresas.

 

En 2011 el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas adoptó los Principios rectores sobre las empresas y los derechos humanos, en las que se plasma claramente las responsabilidades de este sector en el tema. Sin embargo, estos principios no son vinculantes y siguen la lógica de la responsabilidad social empresarial.

 

La lógica del mercado nos lleva a concluir que el estado sólo tiene una injerencia reguladora en las empresas y un consumo exigente puede marcar una diferencia. Algunos países y empresas verifican que los productos que se adquieren hayan seguido estos estándares. Se generan listas negras para identificar a las empresas que violan derechos humanos, se generan certificados para aquellas que cumplen con estándares mínimos, no es lejana la declaración que hizo Canadá respecto a la creación del Ombusperson canadiense para la responsabilidad empresarial.[2] Se requieren impulsar y mejorar las herramientas para que como consumidoras podamos exigir que las empresas adopten la lógica de los derechos humanos.

 

[1] Edna Guzmán, licenciada en derecho por el Instituto Tecnológico Autónomo de México, donde también cursó la carrera de Relaciones Internacionales. Actualmente trabaja en la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres.

[2] https://www.canada.ca/en/global-affairs/news/2018/01/the_government_ofcanadabringsleadershiptoresponsiblebusinesscond.html, consultado el 30 de septiembre de 2018.

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