Stockholm
31 Oct, Saturday
10° C
TOP

La protesta social no es sedición, es un llamado a la acción

La protesta social no es sedición, es un llamado a la acción

Por Alejandra Rodríguez Petrova [1]

Durante las últimas semanas hemos sido testigos de numerosas protestas en todo el territorio de Estados Unidos, causadas por la indignación ante un nuevo caso de brutalidad policiaca en contra de una persona afroamericana, George Floyd, quien fue detenido desarmado, sin presentar resistencia alguna y, sin embargo, asfixiado con la rodilla del oficial de policía blanco hasta su muerte, todo documentado en un video.

Lo anterior, nos lleva a cuestionarnos ¿qué significa la no discriminación para un Estado democrático (sobre todo para el Estado que se autonombra la “cuna de las libertades y de La Democracia”)?

La discriminación y segregación racial está prohibida en los Estados Unidos (EEUU), dentro del Civil Rights Act, desde 1964. Dicha ley se proclamó como consecuencia de muchas manifestaciones y movimientos civiles pacíficos y radicales de afroamericanos, así como de personas blancas que apoyaron la causa (recordemos a héroes de los derechos civiles, también asesinados, como Rosa Parks, Martin Luther King y Malcolm X).

Las personas afroamericanas lucharon en los sesentas por tener los mismos derechos y su reconocimiento. Pero, mirando en retrospectiva, parece que la discriminación continúa en EE. UU., generalmente de forma velada, pasivo- agresiva, detrás de sonrisas falsas o miradas incómodas de los blancos, detrás de las máscaras en las que se esconden los miembros del Ku Klux Klan [2] y en otras ocasiones (bastantes, tristemente), de forma abierta en declaraciones públicas sobre la “supremacía blanca” o en actos violentos como tiroteos o asesinatos por parte de las fuerzas policiacas.

Decir que Estados Unidos no es un país racista, es querer tapar el sol con un dedo: son discriminadas constantemente las personas latinoamericanas, las personas con orígenes, culturas o fenotipos distintos al anglosajón, los migrantes (independientemente de su estatus migratorio), las personas de religión musulmana, los sijs, etc. El país de las libertades las otorga solamente a quienes no considera amenazantes por su aspecto físico y costumbres. El país que se fundó sobre la libertad de religión, en donde se establecieron los protestantes que huían de las persecuciones de los católicos, no soporta y estigmatiza a miembros de religiones no-cristianas.

Las protestas sociales son siempre efecto y no causa, en este caso, son consecuencia del cansancio de seguir ocultando lo que es evidente: La mayoría blanca quiere diversidad en su comida, en su ropa, en sus servicios y en el entretenimiento. La diversidad que amenaza

su privilegio de ser siempre los ricos, los correctos, los educados y los civilizados es totalmente indeseable.

Ahora bien, no hay país que se escape del fenómeno del racismo. El “privilegio blanco” se reproduce en distintos grados en todo el mundo. En este momento, Estados Unidos es un espejo en donde se refleja, de forma aumentada, lo que sucede en nuestro propio entorno. Es una invitación a mirar nuestros comportamientos hacia las personas diferentes a nosotros(as) mismos.

La protesta social ¿Es un derecho mientras sea pacífica?

Muchas de las manifestaciones referidas han incluido actos con tintes de violencia: saqueos, incendios, daño a fachadas y ventanales, etc. El presidente de Estados Unidos, llamó a toque de queda y amenazó con que los militares dispararán contra las personas que salgan y protesten en forma radical.

Al respecto, es común que los Estados interpreten las protestas sociales, aunque sean pacíficas, como amenazas a la estabilidad, principalmente, las dictaduras o los gobiernos altamente autoritarios. Al final, lo que logran las manifestaciones públicas es exponer, dar luz a errores, amenazas a los derechos, o decisiones equivocadas del sistema estatal.

Bajo esa perspectiva, la protesta social implica un fenómeno especial: que la inconformidad individual por un derecho violentado se una con el mismo desacuerdo de otros en una expresión pública de molestia. Es decir, cuando la misma inconformidad es compartida por un grupo de individuos y estos se organizan o espontáneamente conforman un movimiento político que se opone a acciones u omisiones del Estado, hablamos de protesta social.

En ocasiones, el mismo grupo social que protesta, lo hace mediante acciones que se entremezclan entre la legalidad y la ilegalidad, pacíficas y violentas; o el desarrollo de las gestiones de protesta y la relación de estrés con las autoridades, derivan en una radicalización de movimientos originalmente no- violentos.

La protesta social es un derecho humano contenido en ordenamientos desde la Revolución Francesa como “derecho a la resistencia a la opresión”, protegido por el derecho a la libertad de expresión, reunión, huelga y dentro del derecho a defender derechos. Por lo tanto, a pesar de que la protesta no es un derecho absoluto (como ningún otro), es decir, debe tener límites, no se le pueden imponer restricciones arbitrarias que cancelen su protección. Los límites al derecho a la protesta deben de fundamentarse con normas de igual jerarquía y aun así, se requiere ponderar en los casos específicos, los principios que resulten más protectores de los ideales de sociedad en la que quisiéramos vivir.

La presencia de violencia, el bloqueo de calles o carreteras o la incomodidad generada a terceros, no elimina ni desvirtúa el derecho a la protesta, mucho menos la legitimidad a su contenido. Generalmente, la violencia aparece ante la inacción, descalificación o al no existir intención de establecer canales de comunicación por parte del Estado ni negociación de los conflictos con el fin de subsanar el daño.

Esto es aplicable a protestas tanto por racismo, como por violencia contra las mujeres. Cuando la causa es justa y expone el dolo o negligencia del Estado, que trae violaciones a

los derechos de las personas, la protesta social es una herramienta básica para que un Estado democrático escuche a los gobernados y sus exigencias de que cumplan con el trabajo que se les confirió. Por mucho que se utilice para distraer la atención, la presencia de violencia en las protestas no es un factor que influya o disculpe la falla del sistema que originó la protesta.

La protesta social no es sedición, es un llamado de atención para que se garanticen los derechos de las personas, no debe ser censurada ni reprimida, sino considerada como una invitación al diálogo, a la participación ciudadana y a la construcción de una sociedad más justa. Esperemos que las imágenes de brutalidad policiaca que circulan, los nombres de las personas que han muerto o han sufrido graves daños en su integridad y las personas que nos conmovemos y reaccionamos exigiendo un cambio, no pasen desapercibidos, que se conviertan en protocolos de control de uso de la fuerza y en capacitación intensiva en derechos humanos para las fuerzas policiales

Que estos actos de unión ciudadana traigan a la sociedad estadounidense y a todo el mundo, cambios en leyes, políticas públicas y actitudes contra el racismo y la discriminación.

 

1 Abogada feminista y Maestra en Derechos Humanos.

2 Es el término adoptado por varias organizaciones de extrema derecha en los Estados Unidos, que promueven principalmente la supremacía de la raza blanca y, por tanto, el racismo, la xenofobia y el antisemitismo, así como la homofobia, el anticatolicismo y el anticomunismo. Con frecuencia, estas organizaciones han recurrido al terrorismo, la violencia y actos intimidatorios como la quema de cruces.